La teoría del
valor en la Economía clásica y en la teoría de Marx
La
economía clásica es una escuela de pensamiento económico cuyos principales
exponentes son Adam Smith, David Ricardo, Thomas Malthus y John Stuart Mill. Es
considerada por muchos como la primera escuela moderna de economía y en
ocasiones se ha expandido para incluir a autores como William Petty, Johann
Heinrich von Thünen o Karl Marx.
La
publicación del libro de Adam Smith titulado Una
investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (generalmente
conocido como La riqueza de las naciones) en 1776 se
considera normalmente como el comienzo de la economía clásica. La escuela
estuvo activa hasta mediados del siglo XIX y fue sucedida por la escuela
neoclásica, que comenzó en el Reino Unido alrededor de 1870.
Los
economistas clásicos intentaron y en parte lograron explicar el crecimiento y
el desarrollo económico. Crearon sus "dinámicas de crecimiento" en
una época en la que el capitalismo se encontraba en pleno auge tras salir de
una sociedad feudal y en la que la revolución industrial provocaba enormes
cambios sociales. Estos cambios también provocaron la cuestión de si se podría
organizar una sociedad alrededor de un sistema en el que cada individuo buscara
simplemente su propia ganancia (económica).
Los
economistas clásicos reorientaron la economía, alejándose del análisis previo
que se centraba en los intereses personales del gobernante y un interés basado
en las clases sociales. El fisiócrata François Quesnay y Adam Smith, por
ejemplo, identificaron la riqueza de la nación con el producto nacional
bruto, en lugar de con la tesorería del rey o del estado. Smith veía este
producto nacional como el trabajo aplicado a la tierra y al capital.
Una vez que la tierra y el capital son apropiados por los individuos, el
producto nacional se divide entre trabajadores, terratenientes y capitalistas,
en la forma de salario, renta e interés.
Tendió
a enfatizar los beneficios del libre comercio, un análisis organizado alrededor
del precio natural de los bienes, y la teoría del valor como costo de
producción o la teoría del valor del trabajo.
Teoría
del valor-trabajo
La
teoría del valor-trabajo (TVL, también teoría laboral del valor o TLV) es una
teoría que considera que el valor de un bien o servicio depende de la cantidad
de trabajo que lleva incorporado.
Adam
Smith consideraba que el trabajo era la unidad de medida exacta para
cuantificar el valor. Para él, el valor era la cantidad de trabajo que uno
podía recibir a cambio de su mercancía. Se trata de la teoría del valor
comandado o adquirido. Aunque no era el factor determinante de los precios,
estos oscilaban hacia su precio de producción gracias al juego de la oferta y
la demanda.
Posteriormente
David Ricardo desarrolló una teoría del valor-trabajo incorporado en su
obra Principios de economía política y tributación (1817). En
dicho ensayo afirmaba que todos los costos de producción son costos laborales
que se pagan de una forma directa o acumulándolos al capital. Pensaba que los precios
dependerían de la cantidad de trabajo incorporado en los bienes o servicios.
La
teoría del valor-trabajo en Marx
La
teoría del valor-trabajo se conoce principalmente por los estudios al respecto
de Karl Marx, en su obra El Capital, siendo un principio
fundamental en el pensamiento económico del marxismo.
El
valor de las mercancías
Marx
parte de la base de que el valor de una mercancía está determinado por la
cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla. Este trabajo
socialmente necesario se refiere al trabajo humano abstracto, es decir: gasto
de esfuerzo físico y mental humanos, independientemente de las características
concretas del trabajo (alfarería, herrería, etc.). La cantidad de trabajo se
mide en tiempo, habitualmente en horas.
Sin
embargo, no todas las personas trabajan igual, sino que su trabajo depende de
su edad, de su experiencia, su habilidad, su destreza, su forma de organizarse,
etc. Si el valor de una mercancía dependiese únicamente del tiempo individual
que ha costado producirla, se llegaría a una situación absurda, que cuanto más
lento se trabajase, tanto más aumentaría el valor de la mercancía resultante de
ese trabajo. De esta manera se premiaría el despilfarro de trabajo y a los
trabajadores perezosos o poco hábiles. La economía sería mucho menos
productiva: se perdería el tiempo del productor para fabricar la mercancía, el
tiempo del comprador, que necesita trabajar más horas para adquirirla, en
definitiva, tiempo de trabajo social.
Así
pues, el valor de cambio de una mercancía no es igual al trabajo individual,
sino al trabajo socialmente necesario para producirla, siendo esto la cantidad
de trabajo necesario en condiciones medias de productividad en una determinada
sociedad y en una determinada época.
Una
segunda precisión se refiere al concepto de cantidad de trabajo. Como ya se ha
explicado, la cantidad de trabajo se mide en horas, pero tampoco se puede
establecer un criterio completamente unificador entre todos los trabajos, pues
no todos los trabajos son iguales. Cabe establecer la diferencia entre el
distinto grado de cualificación que requieren distintos trabajos. Así, no son
equiparables los trabajos de albañil y arquitecto, pues no necesitan la misma
cualificación. Si ambos trabajos se remunerasen de la misma manera, esto
implicaría que la cualificación no produce un valor añadido al trabajo y sería
inútil, por lo que nadie desearía adquirir una cualificación profesional. Por
ello es que Marx concibe las categorías de trabajo medio simple (el que no
requiere una capacitación extra respecto al nivel de educación medio) y el
trabajo complejo, que puede tomarse en cuenta como trabajo simple multiplicado.
El
valor de la fuerza de trabajo y el valor generado por ella
En
la sociedad capitalista la fuerza de trabajo es una mercancía como cualquier
otra, por lo que su valor es igual al tiempo de trabajo socialmente necesario
para producirla. O sea, el valor de los bienes necesarios para la existencia
del trabajador y su familia. Pero la fuerza de trabajo tiene la particularidad
respecto a las demás mercancías empleadas en la producción (maquinaria,
materias primas) de que puede traspasar a la mercancía un valor superior a su
propio valor, un plus valor. Este plus valor surge del plus trabajo o el
trabajo más allá del necesario para reproducir el valor de la fuerza de
trabajo.
Para
entender esto es clave entender la diferencia entre fuerza de trabajo y
trabajo. El trabajo es el empleo de la fuerza de trabajo. El capitalista que
contrata a un empleado no compra su trabajo sino su fuerza de trabajo. Como la
jornada laboral se extiende (y para el capitalismo así es necesario que sea)
más allá del tiempo de trabajo necesario para reproducir el valor de la fuerza
de trabajo, tenemos un tiempo de plus trabajo, en el cual se genera un plus valor
apropiado por el capitalista.
La
teoría del valor de Marx no tiene como objetivo predecir el precio de las
mercancías, sino de comprender las fuerzas principales que regulan el
intercambio de las mercancías. En el caso particular de la mercancía
"fuerza de trabajo", la ley del valor sirve para explicar el origen
de la ganancia capitalista: el plus valor.
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